Frankenweenie, para quien no lo sepa, es la última película de Tim Burton en la que revive su magnífico cortometraje de 1984.

Hace unas semanas tuve la súper suerte de ir a ver la exposición que se hizo sobre esta peli en Madrid, con mis amigos de Nastplas: Natillas y Flan.

Las dos horas de cola merecieron la pena. Me encantó entrar y poder ver algunos de los decorados de la película,  sus peculiares personajes y una multitud de detalles asquerosamente bonitos. Los Nastplas y yo quedamos boqui-abiertos, creo que a Natillas se la escapó algo de pis.

Unos días después fui con mi Pek al estreno. Yo soy fan de Burton, él más.

Estabámos tan ilusionados que nos sentamos en nuestras butacas olvidándonos del atraco a mano armada que habíamos sufrido en la taquilla. Todo daba igual, estábamos preparados para disfrutar de la película.

Y la disfrutamos mucho aunque, para mi, quizás no fue todo lo increíble que esperaba. Y es que, a veces, cuando pones el listón muy alto la decepción es inevitable. Es un nostálgico stop motion en blanco y negro  con un argumento tan desvelado que la sorpresa no tiene cabida y en el que el 3D es totalmente prescindible. Pero merece la pena verla por conocer a Sparky: el perro más majo del mundo-mundial Aunque quizás, si de toda la película me tuviera que quedar con un personaje me quedaría con: Mr. Whiskers. Un inquietante gato que tiene el superpoder de predecir el futuro en sus cacas. Increiblemente genial:

Puede que Tim Burton tenga algunos defectos, como todos. A veces es un poquito vago y recurre a cortos pasados o cuentos ya contados. Pero tiene también grandes virtudes que compensan, como por ejemplo: una delirante imaginación y una gran empatía por personajes inadaptados o absurdos. A mi, desde luego, me encanta adentrarme en su imaginario.

Me enrredaría contándoos más cosas sobre este demente personaje pero he decidido dejarlo para otro post. Por el momento, ¡eso es todo, amigos!